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3 de diciembre de 2018

DESTROZO

Imagen tomada de la red

La reciente muerte de Alicia, una mujer que se suicidó hace unos días a la espera del deshaucio de su casa, me ha traído a la mente este micro que escribí hace cinco años.


Destrozo

Empezó por el ajuar y los muebles. Los destrozó con el mismo mimo con que los había colocado años antes y fue apilando los harapos y astillas en el centro del salón. Le siguieron los electrodomésticos a los que no sacó alimentos, ni ropa de colada, ni la grasa del último horneado. Tras duros esfuerzos, consiguió arrancar los sanitarios y el fregadero y procedió a machacarlos junto a lo demás a golpe de martillo. Descolgó los cuadros, títulos y retratos; arrugó los lienzos y estampas, deshizo los marcos y engrosó con ellos el considerable montón que se erguía en el suelo.
Después de beber un largo trago en el chorro del grifo, cambió el martillo por el mazo recién comprado y asestó el primer golpe sobre la pared del baño. Le siguieron las de la cocina, las de los dormitorios, las que del salón daban al pasillo…
Se vistió con lo mejor de su ropa  que había reservado, colocó el único sillón no sacrificado sobre la alta montonera y se sentó a esperar.
Allí la encontrarían, unas horas más tarde, los agentes que habían de proceder al desahucio. 
Antonia María Carrascal