BLOG DE ANTONIA MARÍA CARRASCAL
BLOG DE ANTONIA MARÍA CARRASCAL
27 de enero de 2012
Rumbo a Gaia (Novela juvenil)
23 de enero de 2012
Rojo (Relato)
Cuando el hombre bajó del metro olvidando junto al asiento su maletín, lo tomé en mis manos y corrí tras él hacia la puerta. En vano lo llamé, pues el ruido del tren que arrancaba debió acallar mi voz y el hombre, que caminaba deprisa hacia la escalera, no me oyó. Me detuve indeciso, con el maletín en la mano, pensando dejárselo cuando me bajara a cualquier responsable de estación.
Con el más terrible horror que cualquier ser humano pueda experimentar, me apercibí de lo que iba a pasar en breves momentos: mi vida, la del conductor y la de los escasos pasajeros que aún quedaban, se hallaban en peligro. Es más, si no conseguía desactivar en breves segundos aquel demoníaco artefacto, volaríamos por los aires, justo al entrar en la próxima estación que, por ser punto neurálgico de líneas, debía estar abarrotada.
El leve tic tac llamó mi atención sobrecogiéndome. Abrí el maletín que no estaba fechado y, respondiendo a mis temores, apareció un pequeño artefacto de relojería que marcaba una hora peligrosamente próxima a la que señalaba mi reloj.
Con el más terrible horror que cualquier ser humano pueda experimentar, me apercibí de lo que iba a pasar en breves momentos: mi vida, la del conductor y la de los escasos pasajeros que aún quedaban, se hallaban en peligro. Es más, si no conseguía desactivar en breves segundos aquel demoníaco artefacto, volaríamos por los aires, justo al entrar en la próxima estación que, por ser punto neurálgico de líneas, debía estar abarrotada.
Apoyé el maletín en mi asiento. Busqué nervioso en mi bolsillo el pequeñísimo cortaúñas que pendía de mi llavero y comencé a hurgar entre los delgados cables que había en el fondo. Para mi alivio encontré, oculto por los otros, uno de color rojo.
Lo corté. Pero, al ir a sentarme tranquilizado y contento, oí cómo se activaba una grabadora diminuta y una voz, incomprensiblemente divertida aconsejaba:
“Aprende, pardillo, que el color indicador de peligro no tiene que ser necesariamente…”
Rojo, ahora lo sé, sí que es el color de los mismísimos infiernos.
15 de enero de 2012
S.O.S. Rescate (Relato)
Os cuento esto porque estoy desesperada y necesito ayuda.
—¡Joder!, ¿qué es esto? —grité, esperando que no me oyeran desde el salón.
Anteayer, cuando acabábamos de llegar de la playa donde habíamos pasado el puente de Semana Santa, yo estaba en mi cuarto recogiendo mis cosas conforme las iba sacando de la mochila: el bikini nuevo, que no había llegado a estrenar porque al tiempo le dio por llover, mi toalla azul con un enorme gajo de luna y estrellas amarillas, los patines de cuchillas, las raquetas de ping-pon y una bolsita conteniendo tres pelotas. Me gustan las pelotas de ping-pon —pensaba mientras tanto—, tan pequeñas, como hechas a la mano, tan tersas y suaves…
No sé por qué, me recuerdan a los huevos duros que, según cuenta mi madre, yo, cuando era pequeña, acostumbraba a robar de la cocina y lanzar pasillo adelante sosteniéndolos en la mano derecha y atizándoles con la mano izquierda endurecida a modo de paleta. (Cosas de zurdos. Por eso me encanta el ping-pon: porque sorprendo a los diestros y suelo ganar con facilidad).
Mis pensamientos quedaron interrumpidos en esto porque, al guardarlas no había cerrado bien la cremallera y una saltó y fue rodando hasta debajo de mi cama.
Repté hasta meter la cabeza y medio cuerpo bajo el edredón y, sin mirar, estiré la mano intentando localizar al tacto la pelota saltarina, pero ¡oh, Dios mío!, lo que saqué adherido a mi mano era una enorme pelusa cuya estancia en mi cuarto no llegaba a comprender pues, yo misma había ayudado a mi madre, antes de irnos, a dejar limpio y reluciente mi cuarto, así como el resto de la casa.
Ya sabéis, mi madre es como todas las madres: antes de salir, siempre hay zafarrancho general de limpieza y así, como se supone que los días en la playa son para descansar, pues ya vamos lo bastante fatigadas como para que no nos dé cargo de conciencia el reposo de cuatro días.
Mi primera reacción, (aquí se verá la influencia materna), fue de repulsa, y agité la mano tratando de soltarme de aquella amalgama de filamentos esponjosos y grisáceos; pero, por más que yo sacudía la mano o trataba de arrancarme aquella masa pegajosa, más se adhería ésta a mi piel, así que repté en sentido contrario y saqué la extremidad de la oscuridad reinante bajo la cama, hasta ponerme de pie y observar de cerca la razón de «cariño» tan efusivo.
Mi perplejidad llegó a límites insospechados cuando, al observar de cerca aquella cosa, reparé en que tenía forma definida. Sí, sí, tampoco yo daba crédito a mis ojos pero lo que tenía literalmente agarrado a mi mano eran unos ¿diré brazos y manos? unidos a un cuerpecillo de unos siete u ocho centímetros. Sobre los… ¿hombros?, ¡Dios, qué locura!, una cabeza enorme rodeada de pelambrera gris, circundaba una carita menuda en la cual refulgían unos ojillos brillantes y limpios como piedras de arroyuelo, que me miraban angustiados.
—¡Joder!, ¿qué es esto? —grité, esperando que no me oyeran desde el salón.
—Por favor, ayúdame —fueron sus palabras. Y yo caí sentada en la alfombra como si me hubieran estampado un sopapo colosal en medio de la frente.
7 de enero de 2012
Los cartoneros (Relato)
“Deben tener más de cien años cada uno” —había dicho un día Juanín el de Pepa—, y todos asentimos.
No sé a qué ángel despistado se le había ocurrido aquella idea, pero resultó. Poco a poco, caricia a caricia, higo a higo regalando néctares de luna en las manos renegridas de los niños, fueron convirtiendo a los cartoneros en los “abuelos” del barrio.
¿Acaso se podían concebir caras más arrugadas, cuerpos más encorvados? Parecían dos bastoncitos gemelos que se deslizaran suavemente por entre los pedruscos que adoquinaban las calles; dos arquitos tirando de sus flechas de cuerda mugrienta en cuyo extremo siempre había un manojo de papeles y cartones, como si el libro de la existencia se le fuera cayendo siempre de las manos.
Verlos pasar calle abajo traía a la memoria los signos con que se cierran las preguntas. Y es que la larga pregunta de sus vidas parecía a punto de cerrarse definitivamente, esta vez, también seguramente sin respuesta.
No sé a qué ángel despistado se le había ocurrido aquella idea, pero resultó. Poco a poco, caricia a caricia, higo a higo regalando néctares de luna en las manos renegridas de los niños, fueron convirtiendo a los cartoneros en los “abuelos” del barrio.
—¡Eh!, abuelo, dice mi madre que en casa están los cartones que traía la máquina de coser…
—Bien, Lolita, dile que pasaré por ellos luego.
—¿Quiere usted que se los lleve yo?
—Como tú quieras, Lolita.
—¿Habrá higos para mí?
—Claro que sí, hija. Dile a la Isabel que te los dé de mi parte. Ahora es invierno y están secos, pero están igual de buenos o más.
—¡Ahora mismo se los llevo a casa, abuelo!
2 de enero de 2012
El latir de la piedra(Antología poética)
1 de enero de 2012
Sueños de arena (Letras de canciones)
Hundido en mis sueños evoco la esperanza,
la esperanza humilde de veros renacer.
de que seáis un día como yo soñara,
capaces de amaros y olvidar vuestro rencor.
Son sueños de arena los que un día forjara
de ver hombres nuevos que sepan perdonar
y yo, mientras tanto,
sufro, pido, lloro,
sufro, pido y canto
esperando el cambio
de la humanidad. (BIS)
Sueño que la tierra que se pisa con saña
se tratara un día con el más puro amor,
que aquel que maltrata, que aquel que avasalla,
cambie su Tizona por la mano que da.
Son sueños de arena los que un día forjara
de ver hombres nuevos que sepan perdonar
Y yo mientras tanto sufro, pido, lloro,
sufro pido y canto
esperando el cambio de la humanidad. (BIS)
la esperanza humilde de veros renacer.
de que seáis un día como yo soñara,
capaces de amaros y olvidar vuestro rencor.
Son sueños de arena los que un día forjara
de ver hombres nuevos que sepan perdonar
y yo, mientras tanto,
sufro, pido, lloro,
sufro, pido y canto
esperando el cambio
de la humanidad. (BIS)
Sueño que la tierra que se pisa con saña
se tratara un día con el más puro amor,
que aquel que maltrata, que aquel que avasalla,
cambie su Tizona por la mano que da.
Son sueños de arena los que un día forjara
de ver hombres nuevos que sepan perdonar
Y yo mientras tanto sufro, pido, lloro,
sufro pido y canto
esperando el cambio de la humanidad. (BIS)
9 de noviembre de 2011
Reseña de la editorial para Rumbo a Gaia
![]() |
| Portada de la novela Rumbo a Gaia
Publicada por Edimáter en marzo 2010
|
Clara conduce enfadada, por una carretera costera, harta de una vida monótona a la que no encuentra sentido.
Cuando una ola descomunal salta el malecón y empuja su coche volcándolo, Clara observa sus pies atrapados mientras su conciencia se sume en un mundo de tinieblas que pronto desaparecerán para mostrarle vivamente, las razones de su vida que hasta ese momento no comprendía.
¿Hacia dónde apunta la flecha que señala el lugar y el tiempo en que se entremezclan la realidad y el ensueño?
Una novela de tema original y gran ternura que abre una puerta de comprensión a la razón de cada vida y a los acontecimientos que se desenvuelven en ella (pues todos tienen una razón de ser), y sólo a través de las experiencias es posible la evolución de cada ser.
A lo largo de toda la obra está presente el valor de la Vida en toda su dimensión.
7 de noviembre de 2011
Reseña para Rumbo a Gaia de Fernando Rodríguez-Izquierdo Gavala
5 de noviembre de 2011
Reseña para Rumbo a Gaia de Encarna León
![]() |
| Encarna León |
Rumbo a Gaia
Antonia María Carrascal
Edimáter. Sevilla, 2010
174 páginas
Que aparezca en la sociedad en que vivimos nuevos libros dedicados a engrosar los ya existentes de Literatura Juvenil, sean de poesía o narrativa, es todo un acierto y por ello, hay que felicitarse.
Uno de los libros de narrativa juvenil que hemos podido disfrutar, como novedad en los últimos meses, es el titulado Rumbo a Gaia de Antonia María Carrascal (Sevilla) con ilustraciones de José Bravo Díaz, publicado por Edimáter en la colección La Vía Láctea. Es, sin duda, un libro para no olvidar como lector de cualquier edad y para recomendar a todos los jóvenes.
Rumbo a Gaia contiene una temática que es abordada con cierta frecuencia por el cine y por espacios televisivos, no por eso menos interesante y actual; con situaciones de gran calado espiritual presente en muchas mentes adultas, expuestas en esta obra con gran sensibilidad, ternura y naturalidad. Carrascal utiliza un lenguaje directo, importa mucho la comunicación entre el autor y el lector de manera que, nada más iniciar el relato, engancha, crea compromiso de seguir indagando y avanzando en la narración. Se trata de un viaje iniciático hacia ‘el más allá’ que las almas emprenden en un espacio de tiempo brevísimo que va, desde el instante mismo de la muerte física de todo humano, hasta entrar en ‘la vida de la luz’.
La autora, con gran imaginación, recrea el mundo de los espíritus, nos muestra esa otra dimensión con sus estadios de transformación y perfeccionamiento ubicados en un mundo espiritual donde el tiempo terrenal no existe, en todo caso, hablaríamos de un tiempo celestial medido en eones, donde habitan las almas que aún no se han reencarnado y necesitan de una exquisita preparación. Son cuerpos de energía creciente que aparecen, unas veces, envueltos en túnicas blancas o simplemente vestidos de luz.
La narración va fluyendo con soltura y con mucha magia haciendo de Rumbo a Gaia un relato de aventuras para todas las edades. Se distribuye en cuatro partes donde se puede apreciar toda una enseñanza de valores, aprendizajes necesarios, superación ante dificultades que van realizando los distintos personajes que van apareciendo en el transcurso del relato. Se escribe sobre encuentros, adaptaciones a las nuevas y desconocidas situaciones dentro de un marco de paz, armonía y respeto hacia los demás. Estas almas en preparación son orientadas por guías que les conducen a distintos niveles de perfeccionamiento y a conocer sus límites. Encontramos lugares para el ocio, los sueños y el descanso, biblioteca del conocimiento, clínica de entrenamiento personal y viajes experimentales. Los guías informan sobre la existencia de otras conductas en la Tierra y enseñan a discernir entre el bien y el mal.
Todo este conglomerado de sensaciones se viven en ‘el más allá’ por seres que resultan angelicales y dóciles a los que vas tomando afecto a medida que, como lector, te metes en su mundo. Un mundo en el que el concepto tiempo adquiere otras dimensiones y los seres se transfiguran e iluminan.
El tema de la reencarnación está llevado de una forma muy sublime y hace al lector testigo, cómplice o protagonista, a veces, del mismo.
Antonia María Carrascal ha sabido llevar el tema con gran acierto, emplear un lenguaje muy asequible para los jóvenes no solo por el vocabulario empleado sino porque a través de la estructura de las partes conduce, a los posibles lectores, por un mundo de fantasía y de buenas maneras que le ayudarán a ser mejores y plantearse, desde ya, sacarle el mayor provecho posible a la vida.
Antonia María Carrascal
Edimáter. Sevilla, 2010
174 páginas
Que aparezca en la sociedad en que vivimos nuevos libros dedicados a engrosar los ya existentes de Literatura Juvenil, sean de poesía o narrativa, es todo un acierto y por ello, hay que felicitarse.
Uno de los libros de narrativa juvenil que hemos podido disfrutar, como novedad en los últimos meses, es el titulado Rumbo a Gaia de Antonia María Carrascal (Sevilla) con ilustraciones de José Bravo Díaz, publicado por Edimáter en la colección La Vía Láctea. Es, sin duda, un libro para no olvidar como lector de cualquier edad y para recomendar a todos los jóvenes.
Rumbo a Gaia contiene una temática que es abordada con cierta frecuencia por el cine y por espacios televisivos, no por eso menos interesante y actual; con situaciones de gran calado espiritual presente en muchas mentes adultas, expuestas en esta obra con gran sensibilidad, ternura y naturalidad. Carrascal utiliza un lenguaje directo, importa mucho la comunicación entre el autor y el lector de manera que, nada más iniciar el relato, engancha, crea compromiso de seguir indagando y avanzando en la narración. Se trata de un viaje iniciático hacia ‘el más allá’ que las almas emprenden en un espacio de tiempo brevísimo que va, desde el instante mismo de la muerte física de todo humano, hasta entrar en ‘la vida de la luz’.
La autora, con gran imaginación, recrea el mundo de los espíritus, nos muestra esa otra dimensión con sus estadios de transformación y perfeccionamiento ubicados en un mundo espiritual donde el tiempo terrenal no existe, en todo caso, hablaríamos de un tiempo celestial medido en eones, donde habitan las almas que aún no se han reencarnado y necesitan de una exquisita preparación. Son cuerpos de energía creciente que aparecen, unas veces, envueltos en túnicas blancas o simplemente vestidos de luz.
La narración va fluyendo con soltura y con mucha magia haciendo de Rumbo a Gaia un relato de aventuras para todas las edades. Se distribuye en cuatro partes donde se puede apreciar toda una enseñanza de valores, aprendizajes necesarios, superación ante dificultades que van realizando los distintos personajes que van apareciendo en el transcurso del relato. Se escribe sobre encuentros, adaptaciones a las nuevas y desconocidas situaciones dentro de un marco de paz, armonía y respeto hacia los demás. Estas almas en preparación son orientadas por guías que les conducen a distintos niveles de perfeccionamiento y a conocer sus límites. Encontramos lugares para el ocio, los sueños y el descanso, biblioteca del conocimiento, clínica de entrenamiento personal y viajes experimentales. Los guías informan sobre la existencia de otras conductas en la Tierra y enseñan a discernir entre el bien y el mal.
Todo este conglomerado de sensaciones se viven en ‘el más allá’ por seres que resultan angelicales y dóciles a los que vas tomando afecto a medida que, como lector, te metes en su mundo. Un mundo en el que el concepto tiempo adquiere otras dimensiones y los seres se transfiguran e iluminan.
El tema de la reencarnación está llevado de una forma muy sublime y hace al lector testigo, cómplice o protagonista, a veces, del mismo.
Antonia María Carrascal ha sabido llevar el tema con gran acierto, emplear un lenguaje muy asequible para los jóvenes no solo por el vocabulario empleado sino porque a través de la estructura de las partes conduce, a los posibles lectores, por un mundo de fantasía y de buenas maneras que le ayudarán a ser mejores y plantearse, desde ya, sacarle el mayor provecho posible a la vida.
Encarna León
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




