BLOG DE ANTONIA MARÍA CARRASCAL

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19 de enero de 2018

EL LATIR DE LA PIEDRA

EL LATIR DE LA PIEDRA es una historia al revés. Un intento de comprender si el amante libertario sufre al ver los estragos que esa libertad provocan en la amada. De él os dejo este poema.


¿Qué harás sin mí tras de mi muerte? —le digo—.
Y ella en pie ante la ventana
quizá cuente el secreto a la estrellas.

Porque yo he de morir antes que tú
triturado en el hambre de estas alas.

Y ella arregla una arruga inexistente
y mi voz la electrocuta
y se acuna en sus brazos
                                           y se funde en el crepúsculo
gigante de horizonte,
                                         alquibla del paisaje más soñado,
periscopio de luz envuelto entre las sombras.

Y a mí,
          ¿qué pleamar me inunda el pecho,
qué nebulosa de acero me frena la palabra
que minúsculo alambre me apego a sus imanes?

Seco, duro y bronce,
                                  contengo su oleaje
molino de mi aceite.

¿Qué harás sin mí? —pregunto.
Y ella estrena el lenguaje del rocío
y en agua germinal me da la vida
que yo ahogo
en su aliento
de gacela.

11 de febrero de 2016

EL ALPISTE EN SUS LABIOS





Ella era un escabel,
                                  un volcán,
                                                     un imperfecto
de sombras y violines,
sonaja repetida y siempre nueva,
pulpa prisionera por la piel
en manos de un chiquillo,

selva frondosa de lúpulos y adobe,
sorpresiva a los ojos,
inquietante al corazón…
                                      pero no lo sabía.

Era también un ángel en derrumbe,
consecuencia inconsciente
de tanto aldabonazo repetido,
dolientes los hombros
                                      en la arista del tiempo.

Allí estaba.
Escondida en las tecas de su propia semilla
sin saber florecerle
                              al amplio patio de su pecho.

Yo solo pude regarla de risas
y sentarme cada tarde
en el columpio amarillo de su casa
                                                         —jaula de tristeza—
a morder
                   despacito
                                      el alpiste en sus labios.

      Del libro "El latir de la piedra"
Antonia María Carrascal








7 de febrero de 2015

EL LATIR DE LA PIEDRA

Fotografía de DEN SAU PIN (Rusia)


Del libro "EL LATIR DE LA PIEDRA" 
de Antonia María Carrascal
No sé cómo hablarle de mis selvas,
de los tigres solitarios que me azuzo,
de la fiera incandescente, repetida,
que me avienta el aliento a los talones.

Lazarillo de mí mismo,
no sé cómo pegarme a sus sandalias.
Flor de hollín, mis cicatrices
abrirían sus labios en pétalos sangrantes
camino de tañidos funerales.

Porque se da tan limpia… ¡que hace daño!

¿Cómo puede comprender la acidez de las tabernas,
los cuervos herrumbrosos de la noche,
la lúgubre moneda con que el sol me apaga los hastíos?

¿Ofrendarla al águila delirio,
al humus sudoroso, asfalto en celo,
muelle loco de idas y zozobras?

29 de enero de 2015

No estoy
del libro EL LATIR DE LA PIEDRA 
Antonia María Carrascal
No estoy
               y el reclamo de su piel me pone anillas
y me escoro en la ausencia
como un mentor sin voz
comiendo del veneno de las leyes.

No estoy
              y me alimento de sábanas voraces, cejijuntas;
del espliego del botón de la caricia;
del vendaval imposible en que apoyo los besos.

No estoy
              y me enredo a sus pezones camino del suicidio
y me quemo, pabilo,
en los hornos crematorios de sus ingles
donde macero el amor, como en odre cerrado,
espléndido estallido de las vísceras.

No estoy
              y ella no está para elevar a mi espiga
su amapola de centrífugos ecos.
Mas una sola certeza tiene el sol:
hacerse nuevo cada día
                                        en pos de la pendiente
de una luna
                  que a muerte
                                          y a distancia
                                                                 se le entrega.

17 de enero de 2015

EL LATIR DE LA PIEDRA




Del libro "El latir de la piedra"
Antonia María Carrascal

Me sorprende desnudo la mañana
y me invita a vestirme de su nido.

¿Qué milagro de látigos hambrientos
me empuja a la hogaza de sus manos?

A su cuenco de miel vengo a curarme
las heridas amargas de la noche,
el vuelo de acidez
que no me reconoce en los espejos.

Allí voy.
A esconderme del sol,
a beber la luz de sus ventanas,
a resucitar la risa que,
mariposa de luz,
rebota entre los muros asombrados.

En fragua circular se funde el día
y yo miro hacia adentro por sus ojos
y ella vuela los abismos
para descubrir al mar
mi mástil destrozado en su voz de cerámica.

29 de diciembre de 2014

EL LATIR DE LA PIEDRA







Del libro "El latir de la piedra"
Antonia María Carrascal
Me sabe a pan la fruta de sus labios.

Le asusta dar a luz el alma
                                              por el túnel de un beso
y florece el almendro en sus mejillas.

Me ahogo en sus esfínteres bucales.

Busco. Navego a contra trapo
y eludo el sabor de besos viejos
que acaso paladea todavía.

Campanar rozado,
golondrina primavera silente en las cuerdas del sonido,