Almudena Tarancón
Ediciones En Huida 2018. Colección En Tránsito.
Camino donde baten tiernas las alas
“La poesía es el eco de la melodía del universo
en el corazón de los humanos” —afirmaba el filósofo
y escritor indio Rabindranath Tagore, y el color de nuestro
universo es azul. Azul, como esta piedra en el camino de Almudena Tarancón.
En
la antigüedad se relacionaba al azul con el infinito, la inmortalidad, la
realeza, lo sagrado. Era el color de los faraones, las divinidades, las vírgenes...
Los dioses viven en el cielo y el azul es el color de todo lo que a ese cielo
pertenece. La experiencia continuada ha convertido al azul en el color de todo
lo que deseamos que permanezca, de todo lo que debe durar eternamente.
Almudena
Tarancón tiene una parte muy importante de su piel en ese cielo, en esa
inmortalidad que ella desea más que nadie que exista, que persista, que espere.
Por eso, en las rimas XVII y XVIII de la tercera parte de este libro confiesa:
XVII
A
veces vuelvo a los recuerdos.
Aquellos
que quedaron como espinas
fueron
una realidad:
fueron
rosas.
XVIII
Tendré
que esperar que maduren las estrellas
y
caigan los frutos de los árboles del firmamento.
Paciencia.
El azul es un color fresco,
tranquilizante que suele asociarse con la parte más intelectual de la mente, pero
también es el color que más asociamos con la simpatía,
la armonía, la amistad y la confianza, todos esos sentimientos
que se alcanzan con el tiempo y que se basan en la reciprocidad, y de los
cuales, Almudena anda más que sobrada.
Almudena Tarancón ha
traspasado la necesidad exclusiva del amor-desamor de pareja que impera en el
primer libro de casi todos los poetas. En el suyo, nos muestra una poesía madura, introspectiva,
reflexiva de sí y su entorno, que se afianza en su presente sin dejar de
contemplar el pasado, y para ello, busca palabras errantes.








