Los lectores siguen opinando.
Hoy me ha llegado ésta desde Madrid.
El hombre que
te habita devela el grito de muchos; devela un estallido de conciencia
poética de acusado civismo ambientalista que no deja, sin embargo, de ser esa
voz certera que engrana en su conjunto un texto de probado lirismo.
Antonia María Carrascal transita en su libro por la
vida mancillada de un mundo no salvado aún y necesitado de ese Hombre Nuevo que
revisita en sus versos, ya sea mediante sonetos de sobria factura o a través de
la versificación libre, despojada de oscurantismos metafóricos o hermetismos insulsos.
El hombre… ahonda
en los intersticios del ser moderno, ausente de sí mismo y de su propia suerte
como especie. Intenta —y consigue muchas veces— desarmar el entramado de
infortunios que ha sido nuestra historia, soslayada a veces en aspectos tan
vitales como el compromiso con el sitio donde nos toca pasar de un estado a
otro de nuestra existencia.
Me llamo Tierra y Diosa y madre y
soy/el vientre que a tu ser ama y sustenta. / Malherida de amor, rota y
sedienta/ me agoto sin saber a dónde voy (…)
En este suelo, el hombre/agota
manantiales hasta exprimir la teta/que amamantar podría/estériles eriazos (…)









