BLOG DE ANTONIA MARÍA CARRASCAL

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15 de enero de 2015

RUMBO A GAIA

RESEÑA DE MANUEL QUIROGA CLÉRIGO


“RUMBO A GAIA” O LA VIDA EN OTRA DIMENSIÓN SEGÚN 
ANTONIA MARÍA CARRASCAL.

Además de las novelas de ciencia-ficción, algunas tenebrosas, numerosos autores han tenido como protagonista al espacio exterior, las galaxias como lugar en que también es posible la vida, los astros y satélites como sitios habitables o donde, también, revivir los afectos y el amor y experimentar los más nobles sentimientos. Así que desde Julio Verne hasta Isaac Asimov, sin ir más lejos, las constelaciones han sido objeto de estudio, como también lo son en instituciones de tanta resonancia como la NASA, las estaciones de seguimiento de satélites o de estudio del cosmos como la de Darmstadt en el estado federado alemán de Hesse, donde se sitúa el centro Europeo de Operaciones Espaciales de la Agencia Espacial Europea que ha dado nombre al Darmstadtio, número atómico 110, elemento sintetizado en su centro de investigación sobre iones pesados y que contribuye continuamente al envío al espacio instrumentos de observación y reconocimiento, igual que lo hace la ESA-ESAC (European Space Astronomy Centre) de Villanueva de la Cañada, en Madrid.
Algunos poetas, escritores, soñadores no llegan a tanto. Más bien tratan de crear una historias que puedan suceder en nuestro planeta o que se trasladen a ese mundo exterior todavía misterioso y no tan lejano, con el concurso de la ciencia y de esos hombres y mujeres que viven día a día para ofrecernos un futuro no tan irrealizable, como el caso de Darmstadt que trabaja en un proyecto para llegar a Mercurio en futuras generaciones. Gaia aparece según los estudios del químico James Lovelock en 1969 como un sistema autorregulador que tiende al equilibrio en medio de un espacio (casi) infinito, dando lugar a la “Hipótesis de Gaia”. En 1965 Lovelock fue llamado por la NASA para participar en un equipo que trataba de descubrir la existencia de vida en Marte. A raíz de sus trabajos configuró la mencionada hipótesis al hablar de “una ciudad compleja que implica a la biosfera, la atmósfera, los océanos y la tierra, constituyendo en su totalidad un sistema cibernético, o retroalimentado, que busca un entorno físico y químico óptico o adecuado para hacer posible la vida en el planeta”.
Y así llegamos al precioso relato de la escritora sevillana Antonia María Carrascal titulado, precisamente, “Rumbo a Gaia” con muy adecuadas ilustraciones de José Bravo Díaz, publicado por Edimater (Sevilla 2010) que en sus 174 amenas páginas nos ofrece una novela, dedicada fundamentalmente al mundo juvenil, repleta de ideas, aventuras y hechos de manera que penetrar en ella es como ir conociendo un entorno diferente, tal vez cercano, donde priman la concordia, la amistad y otros sentimientos y experiencias humanas nada despreciables.
La cuestión es que Clara conduce por una carretera de la costa, inserta en sus preocupaciones y casi ajena a cuanto tiene a su alrededor. De repente ocurre un accidente y la joven se ve inerte, casi sin posibilidad de recuperar la movilidad y como desapareciendo del espacio que unos minutos antes la envolvía. En esa especie de sopor se ve rodeada de una especie de espesa niebla y, poco después, amanece en un espacio diferente, donde ya no existen las preocupaciones ni las desgracias que la tenían atenazada. Transcurren momentos que se dirían infinitos hasta que alguien la anima a levantarse y comenzar, digamos, otra existencia.
“Vamos, Reykli-le dijo su Nodriza.-Ymé te está esperando”.
Ahí comienza todo, las distintas fases de adaptación a un territorio diferente, la llegada de nuevos seres, la inserción en rutinas extrañas y sobre todo una Transformación que, ayudada por su Guía, va a convertir a la recién llegada. Aparecen, por ejemplo, Jestus e Helthy pero, al tiempo, otros protagonistas llamados Eldaín, Karso, Roají, Dían, Ábal, Vaidd y Blapo, algunos de los cuales irán tomando proporciones terrestres conforme se desarrolle la narración, llegando a relacionarse con Amador, el propio abuelo de Clara y otros personajes de su círculo inmediato. Los citados son almas jóvenes que vienen de la Guardería y para quienes, leemos, “los Mayores del Consejo han decidido por vosotros el lugar del Universo donde habréis de experimentar vuestra próxima vida de perfeccionamiento y este lugar será el planeta Tierra”. Esta posibilidad, de todas formas, guarda una especie de sorpresa, porque en el espacio exterior nada es tan fácil y menos cuando, de una manera metódica, se prevé que los seres pasen a ese planeta remoto de vida diferente. Ese aprendizaje contiene numerosas aventuras, afectos, amistades, vivencias que Reykli tiene que ir experimentando, haciendo suyas, para que la Transformación sea un hecho real y ella sea digna de su próxima experimentación. En el aprendizaje toca también conocer animales como la hormiga, el nada interesante perro o volar al compás de una mariposa. Pero también es preciso saber reconvertir la energía, por ejemplo “en pelos, en plumas, en hierba, en olores, en sonidos…”-.
Antonia María Carrascal, Diplomada en Ciencias de la Educación, se ha dedicado largos años a la docencia impartiendo clases de Lengua y Literatura Españolas, es autora de varios libros de poesía como “Y ellos nacieron un poema cada día”, que obtuvo un accésit en el Premio “Ricardo Molina” siendo publicado por el Ayuntamiento de Córdoba en 1980, y “El latir de la piedra”, accésit del premio “Barro” de Sevilla, publicado en la Colección Vasija en 1990. También obtuvo el I Premio de Cuentos “Alcosa” de Sevilla por el “Girasol solitario” y edita un interesante blog donde la poesía y la literatura en general tienen una excelente cabida. El ilustrador, José Bravo Díaz, es sevillano habiendo cursado estudios en la Facultad de Ciencias de la Educación; ha dedicado sus mayores esfuerzos a una especial labor de ceramista, donde desborda una espléndida fantasía, y ha ofrecido diferentes exposiciones en ferias de artesanía mostrando gran originalidad en sus dibujos, formas y texturas poco comunes. Ello le ha permitido relacionarse con la ilustración y el mundo del diseño gráfico como es la interesante aportación que nos deja en este “Rumbo a Gaia”.
En la novela de Carrascal van apareciendo otros personajes, casi seres transparentes, capaces de conmover a la recién llegada. Ualos es uno de ellos pero todos forman parte de varios niveles y actúan de manera, al principio, poco comprensible. Eso va creando una sensación de desasosiego a Reykli, aunque tanto Ymé como sus compañeros tratan de hacerla comprender lo que está viviendo. En un momento dado Karso aclara algo a la joven:
-“Ya sabes que somos cuerpos de energía. Que estamos formados por cinturones de energía, y que una que aprendamos a manipularla durante el tiempo de estudio del Primer Nivel, la podremos manejar a nuestro gusto”.
De ahí parte el aprendizaje que Reykli va comenzando a ejercitar. El juego, como en el caso de los niños humanos, en este caso gracias a pantallas y elementos tecnológicos, facilitarán la inserción en ese espacio donde la materia tiene menos valor que la energía, algo así como el vapor del agua o la configuración de las nubes. Otras cuestiones como el miedo, que “embota la mente y recorta los recursos” van a situarse al lado de esos aprendices, a quienes la Guía asiste a diario para colaborar en su apego a los conocimientos. Los juegos amplían su capacidad de comprensión y cuando aparecen los sonidos o se ve a la energía desplazarse “por las curvadas paredes del túnel rebotando y entrechocando entre sí…”. Cuando hay un encuentro entre Amador, cuando Ábal se reconvierte en Ábal o cuando otro personaje llamado Lynel habla de algo que “los niños comen en la Tierra y llaman caramelo” como referencia a la piruleta que Reykli está saboreando el aprendizaje va avanzando. Llega la música, las risas, “una esfera de luz y color, de energía aromática y espléndida como un único universo” aunque también aparece Numael que “era el Maestro de los Sueños y el Descanso”, tal vez como resumen de un espacio en que todo está ordenado, predeterminado y dirigido. Tras el sueño resulta que Reykli ha conocido muchas cosas, por ejemplo la Tierra, “la textura del agua y de la arena, y el sabor salado”, también lo húmedo y lo seco, “las olas y los peces, que son habitantes del mar, pero no los seres humanos entre los que te encontrarás algún día”. Y en otros relatos ya se comienza a discernir si va a existir “el bebé que espera María” y como Amador trata de adaptar, al menos sus nombres, a los seres cuyo cuerpo aún no poseen un cuerpo físico adecuado para aparecen entre los terrestres. “Si vienes pronto y yo te conozco, te llamaré Alba, aunque te llames de otra manera”. Entonces comienza la actuación de la Comisión de Destinos, recordando que es precisa la experimentación continua y que los compañeros inseparables “se tendrán que separar en algún momento”. Dían y Jestus imaginan estar ya en un mundo externo, tal vez por asistir al Centro de los Sueños y el Descanso, donde aparece un cuestionario en el cual literatura, artes y vivencias cobran un especial valor. A todo esto Reykli está atenta a lo que van preconizando los Guías y espera poder estar en la Tierra con algunos de sus compañeros  Llega un viaje experimental y la energía de cada cual ha de unirse “con la de vuestro compañero amigo del Alma”, para así decidir el lugar a que desplazarse. “De la mano de Ymé fueron conducidos hasta el Jardín del Ocio” y poco después ya se deslizan “por el espacio infinito”.
Cuando Reykli está preparada para el gran viaje sucede algo precioso. Antonia Maria Carrascal, la autora, ha imaginado un final precioso que habrán de descubrir los lectores, lógicamente, pero como anticipo valgan las últimas frases del decisivo capítulo XX titulado “Un destino para Reykli”: “A la jornada siguiente, después de despedirse de Eldain, Helthy, Karso, Vaidd y Roají, Reykli se reunió con todos sus Guías en el Palacio de la Vida, y allí, rodeada del amor y el entusiasmo de todos ellos y de sus sabias instrucciones, viajó hasta la Tierra para ocupar el menudo cuerpecito que sus padres habían dispuesto para ella”.
La reencarnación, la vuelta al mundo de los mundos, la resurrección al universo de lo material, y lejos de las tinieblas y la energía cósmica, ocupan un lugar especial, ese en el cual “se entremezclan la realidad y el ensueño”. Seguramente Reykli volverá a ser Clara y Alba será su madre y tendrá dieciocho preciosos años y habrá dejado atrás Gaia y y y …La autora dice que su relato libro es “Para Manuel, Irene y Dani y para todos aquellos que de una u otra manera son el alma de este libro”.
Manuel Quiroga Clérigo
Majadahonda, 30 de noviembre de 2014.

4 comentarios :

  1. Mis felicitaciones por tan espléndida reseña.
    Un abrazo

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  2. Gracias Pepe. Me consta que es una reseña hecha con sinceridad por una persona de gran valor como escritor y como crítico. Estoy muy contenta.

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  3. MANUEL QUIROGA CLÉRIGO16 de enero de 2015, 14:12

    ME GUSTA LA MANERA EN QUE HA SIDO INSERTADO EL COMENTARIO, CON ESE TIPO DE LETRA MUY APROPIADO Y QUE NOS HABLA DE ESE ESPACIO DE AMANECERES ROJOS, DE AURORAS ARDIENTES.

    un saludo

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  4. El comentario lo merecía. A Reykli le gusta la armonía, por eso eligió un planeta tan bonito como este para encarnarse. Abrazos.

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